Cómo sacar el mejor jugo de los demás

Menudo revuelo que se ha formado con la noticia de Anna Tarrés y la natación sincronizada. Y no es para menos. Pero este tema es una constante en el deporte de élite: el trato de los entrenadores a sus deportistas y la presión que éstos soportan.

No debemos olvidar que el deporte de élite exige un sacrificio diario y constante y llegar a lo más alto es más cosa de un sueño que algo fácil y viable. Para llegar a ello, los deportistas empiezan desde edades muy tempranas y se les exige como a adultos: horas y horas de entrenamiento, superar las debilidades, dejar de lado las excusas… ¿Cuántos de vosotros no habéis experimentado cómo vuestro hijo pone una excusita para no ir al cole o no ayudar en casa? ¡Y se supone que esas tareas son apropiadas para su edad! Es normal que en alguna ocasión, dentro del deporte, también traten de no dar el cien por cien. Pero, ¿qué le vamos a recriminar si nosotros también lo hemos hecho alguna vez?

El problema tiene dos vertientes: lo exigente que es el deporte de alta competición para los deportistas y lo difícil que es dirigir a un grupo de personas y obtener lo mejor de ellos, hasta niveles que rayen la perfección. Tenemos que considerar las dos caras de la moneda. Aquellas personas que tienen que obtener resultados tan difíciles, también están sometidos a mucha presión y no siempre les han enseñado a hacerlo. ¿Conocemos algún caso de jefes que no saben dirigir a sus empleados? ¿Sabemos cómo obtener lo mejor de nuestra pareja, hijos, amigos, o incluso… nosotros mismos?

Sacar el mejor jugo de los demás requiere ser un Pigmalión positivo. Significa tratarles como aquellas personas que pueden llegar a ser, no como lo que son ahora mismo. Cuando confiamos en los demás, les damos nuestro apoyo y les mostramos con nuestras palabras y conducta que sabemos que pueden llegar a lo más alto, les estamos ayudando a crecer como deportistas o personas.

Aquí tienes unos consejos si como “líder” quieres obtener lo mejor de los tuyos, ya seas entrenador, jefe, pareja, padre o hijo:

  • Demuestra verdadera confianza: no digas que crees que la persona es capaz y después no le permitas asumir responsabilidades.
  • Refuerza más que castiga: está demostrado que la gente cambia más cuando alabamos lo positivo. Si quieres que alguien deja de hacer algo, refuerza la conducta contraria a aquella que castigarías. Por ejemplo, si tu pareja te llama porque se retrasa, refuérzalo, dile lo bien que te sientes y dale las gracias; funciona mejor que la bronca que le puedas echar cuando llega tarde.
  • Señala el error con un tono de voz cálido, sin humillar. Un error no convierte a nadie en un error de persona, sólo es una conducta equivocada.
  • Haz ver a las personas sus progresos y sus fortalezas. Dirígelas a aquello que depende de ellas, a su esfuerzo y no tanto a los resultados.
  • Ajústate a la persona que estás tratando: hay quien necesita para obtener resultados que se sea más directivo, otros necesitan apoyo y que se les consulten y a otros, hay que dejarlos tomar, dentro de un marco posible, sus propias decisiones.

Si todos ayudáramos a los demás, a sacar su mejor jugo ¿qué resultados obtendríamos? ¿Probamos esta semana?

Zoraida Rodríguez
PARA IDEAL GRANADA

 

 

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