Socialmente habili… ¿qué?

Socialmente habilidoso. Así se llama la capacidad de aquellas personas que saben relacionarse de forma exitosa con los demás. Saben cómo decir las cosas, cómo entablar una conversación o cómo cortarla; saben cómo hacer respetar su opinión, sus derechos o sus emociones; dominan el arte de hablar en público y con todo tipo de interlocutores; son capaces de hacer críticas de forma adecuada y aceptarlas, de resolver conflictos… son amos y señores de las relaciones con otras personas.

En el colegio o en los deportes se nos educa para orientarnos al resultado: a las buenas notas o a subir en la clasificación, pero a veces se deja de lado que saberse llevar bien con los demás, al final en la vida, puede ser mucho más importante que las notas de final de curso.

Necesitamos a los demás, somos animales sociales y vivimos rodeados de personas tan iguales y tan diferentes a nosotros. No podemos evitar ese contacto diario que a veces nos amarga la existencia. Las habilidades sociales son lo que el saber popular ha llamado “tener mano izquierda”: saber llevar a la gente, ser franco a la hora de hablar sin hacer daño y al final, llevarte bien con casi todo el mundo y conseguir aquello que deseas. Los entrenadores o líderes no pueden olvidar cultivar esta habilidad, porque señores, ¡se entrena! En esta vida, todo se entrena.

¿Por qué no todos tenemos este divino tesoro entre nuestras habilidades más innatas? Hay quien nace con ellas y las pone en práctica de forma extraordinaria y hay a quien no se le da también este asunto. En mi opinión, todos tenemos la semillita, pero puede que bien guardado en tu “fondo” tengas dos tipos de ideas:

  • El primer tipo de ellas, hace referencia a que tú eres un ser mucho más pequeñito que el resto, que no tienes mucho que aportar y que tu opinión… bueno, nunca es tan importante. Suenan como un eco ideas parecidas a esto: “es que yo no sé nunca qué decir”, “mis opiniones no son interesantes”, “no me creo ningún halago que me hagan, si yo no soy nada de eso”, “¿cómo le voy a pedir que me haga este favor? Seguramente me dirá qué no, e incluso va a pensar mal de mí”…
  • Pero también podemos pecar por exceso: me siento ligeramente (es un decir…) por encima de los demás y me agarro, a mi entender, a verdades como templos: “¿cómo se atreven a criticar nada de lo que hago?”, “las personas deben respetar mis opiniones, sean cuales sean” o “yo digo lo que pienso le pese a quien le pese”.

El que peca por exceso ya se va haciendo enemigos él solito, y merecido se lo tiene. Pero me parece una verdadera pena que aquellos a quienes sí que les apetece relacionarse con los demás, tener amigos, llevarse bien con sus compañeros o líderes, no puedan por miedos… ¿Te has planteado que igual que entrenas tu deporte puedes aprender este arte?
 
Zoraida Rodríguez Vílchez
@ZoriPsicologa para IDEAL GRANADA

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