Madera de Campeón. Revista Desafío

Empezamos a hacer deporte por diferentes motivos: prevención de la salud, perder peso, por gusto, por relacionarnos con gente, por el culto al cuerpo, etc. Muchos abandonan antes de los tres meses con excusas como no tener tiempo. Otros en cambio encuentran en el deporte una fuente de placer y satisfacción. Esto se debe a que la práctica continuada de ejercicio físico libera endorfina, una droga natural que consigue “engancharnos” al deporte.

Si además de disfrutar con el deporte nos damos cuenta que se nos da bien, que progresamos en nuestra ejecución, lo más normal es que empecemos a ponernos metas, objetivos que nos gustaría alcanzar. Ejemplos como el golf, el pádel, runners y otros fondistas, natación, etc., son modalidades que en un principio se empezaron a practicar con los motivos iniciales, pero que en un determinado momento cobran personalidad propia. Ya no los practico por relacionarme y/o mantenerme en forma, ahora me doy cuenta que estoy totalmente metido y me identifico plenamente con el deporte elegido. El enganche empieza a ser tan fuerte, que la vida gira en torno al deporte: planifico mis vacaciones pensando en hoteles con campos de golf, me levanto temprano por la mañana para buscar el ratito de la carrera, horas que estaban destinadas a la televisión ahora son para jugar a pádel con los amigos.

Llegado este momento, el deportista, se plantea empezar a competir como un objetivo más dentro de proyecto ambicioso de querer superarse. Competir es atractivo, es una forma de medir tu nivel respecto a los demás, y siempre tenemos en la cabeza la posibilidad de ganar, de tocar la gloria en una actividad en la que me siento plenamente satisfecho y feliz.

Competir no es sencillo, hay que aprender a competir, y aquí es dónde nuestro aventurado deportista se da cuenta que existen muchas variables no relacionadas directamente con la técnica o con la estrategia, que pueden conseguir arruinar una competición que tenía sobradamente entrenada. Un grupo de variables son las psicológicas, que si además las ponemos en prácticas en los entrenamientos, las tendremos bajo control en cualquier competición. Vamos con ellas:

  • Los pensamientos negativos: pensar “no puedo”, “no seré capaz”, “seguro que mis rivales me superan”, etc. no favorece para nada la consecución de nuestros objetivos. Para ello se necesita un pensamiento positivo y racional que tire de nosotros y no nos frene en ningún sentido.
  • La ansiedad antes y durante la competición: siempre se necesita un mínimo de activación para competir y practicar nuestro deporte, pero a menudo los nervios y la ansiedad surgen antes de empezar a competir debilitando nuestra seguridad en nosotros mismos, o nos bloquean durante la competición.
  • Estados emocionales estables: las emociones negativas como la inseguridad, falta de confianza, rabia, o tristeza van a hacer que demos menos de lo que somos capaces. En este sentido hay que encontrar las emociones adecuadas que ayuden al deportista a competir dando el cien por cien.
  • La atención y concentración: durante una competición, nuestro foco de atención no puede estar en los rivales, en lo que no voy a ser capaz de hacer o en otros temas ajenos al deporte. Una concentración y atención mantenidas en la actividad que estamos realizando en ese momento es fundamental para alcanzar el éxito.
  • El locus de control ¿a qué achaco yo los éxitos, pero sobre todo los fracasos?: es necesario asumir la parte de responsabilidad en los fracasos, para aprender de ellos y felicitarnos por los éxitos. El deportista que echa balones fuera para lo bueno o lo malo nunca se hará responsable de su ejecución deportiva y, por tanto, nunca intentará superarse a sí mismo.
  • Ambición y no acusar el esfuerzo: hablamos de luchar al límite, del deseo de superarnos cada día un poco más. Sin ambición, no se alcanza la gloria.
  • Establecimiento de objetivos desafiantes, pero siempre alcanzables y mantener la motivación.
  • Creencias de autoeficacia: significa creer en que somos capaces de alcanzar lo que nos proponemos. Si no es así, no lucharemos por conseguirlo.

La intervención en psicología deportiva te permitirá controlar estas variables de tal forma que el esfuerzo que inviertes en los entrenamientos y en crecer y superarte a nivel personal tengan el resultado que te mereces. La psicología no hace magia, ni es pura charlatanería, está basada en técnicas que han demostrado repetidamente que cada vez que trabajamos sobre una variable, alcanzamos los mismos resultados. Algunas de las técnicas empleadas para aumentar el rendimiento deportivo son:

  • Técnicas de relajación muscular para conseguir el control de la ansiedad.
  • Aprender a manejar el pensamiento negativo y catastrófico eliminando los pensamientos obsesivos y racionalizando los que no están basados en pruebas fehacientes de la realidad.
  • Entrenamiento en autoinstrucciones que dirijan el pensamiento y mis emociones hacia aquello de lo que tengo que estar pendiente, en lugar de dispersarme y desconcentrarme con variables nada relevantes en la competición ni en la ejecución deportiva.
  • Establecimiento de objetivos que me ayuden a superarme cada día más.
  • Técnicas de imaginación temática e hipnosis, que me permiten aumentar significativamente mi nivel de atención, concentración, confianza e implicación en lo que estoy haciendo.

La psicología deportiva es un elemento más y en muchas ocasiones, crucial, para alcanzar los objetivos que te has propuesto como deportista. La competición, es el momento en que nos la jugamos a cara o cruz. Ya tenemos la técnica, la táctica, hemos entrenado mucho pero si nos falla “la cabeza” y nos derrumbamos, nos ponemos nerviosos, nos desconcentramos o no confiamos en nuestras propias posibilidades, todo lo que hemos luchado se puede venir al traste. La psicología deportiva es lo que puede diferenciar a un deportista de un campeón. Es ese control total sobre sí mismo. Especialmente si compites a nivel profesional, aunque también de forma aficionada, la psicología deportiva puede ser el eslabón final que necesites.

 

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Zoraida Rodríguez Vílchez
www.zrpsicologos.es
@ZoriPsicologa

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