Cómo lo dices

No importa tanto qué dices, sino cómo lo dices. Esta idea refleja a la perfección la importancia de la comunicación no verbal. Se dice que la forma en la que nos comunicamos puede desmentir o contradecir totalmente nuestras palabras. Seguro que alguna vez has llegado a casa y, viendo a tu pareja algo seria, preguntas: “¿qué te pasa, cariño?”. Su respuesta: “nada”, esconde gato encerrado. Hay algo en su tono de voz, en su mirada, en la forma en la que se ha girado mientras contestaba, que te lo ha dicho todo: ¡vaya, que sí que algo le pasa!

Muchos de nosotros tratamos a diario con personas que de alguna manera están a nuestro cargo o necesitan de nosotros: deportistas, trabajadores, pacientes, amigos… Requieren de nosotros consejos, directrices, apoyo, una guía, un consuelo o incluso, nuestra sinceridad. Las palabras que elegimos son fundamentales. No es lo mismo “en tu situación, más te vale que hagas esto” que un “sería recomendable que tomaras la decisión de actuar de otra forma y así te encontrarías mejor”. Elegir la frase correcta (y en el momento correcto) puede hacer que nos crean y hagan caso o elijan la conducta totalmente contraria. Pero el cómo lo decimos, es aún más importante.

Si quieres cuidar tu comunicación no verbal, aquí tienes una serie de recomendaciones para ser creíble y que tu mensaje llegue:

  • Mira a los ojos: hay miradas inquisidoras y que atraviesan, pero también hemos comprobado cómo no mantener contacto ocular suele ser señal de falta de confianza, superioridad o incluso, mentira. Mira a los ojos de forma frecuente, así habrá implicación con el otro.
  • Cuida la expresión de tu rostro: ahí es donde vemos las emociones. Si tu ceño está fruncido y tus labios apretados, por mucho que digas: “no, no estoy enfadado”, el otro no te creerá. La expresión facial ha de ser acorde con el mensaje que demos: seriedad, amabilidad, felicidad o disgusto.
  • No escondas tus manos: tras tu espalda, dan sensación de que algo ocultas; mientras que si están en tus bolsillos o si continuamente te las tocas o manipulas algún objeto insistentemente, parecerá que estás nervioso y no que crees lo que dices. Muestra las palmas de tus manos, esto se relaciona con la sinceridad; procura que se vean y que tus gestos acompañen el habla.
  • Erguido muestras confianza, “chepadillo” y encorvado muestras inseguridad o pasotismo; nada recomendable si pretendes influir en el otro.
  • Los elementos paralingüísticos del habla (tono de voz, volumen, entonación…) son casi los más determinantes en ese “cómo lo decimos”. Es ahí donde si observamos titubeos, un volumen muy bajo, o tu tono es monótono y sin enfatizar palabras, tu mensaje entrará por un oído y saldrá por otro.

La comunicación es un arte, pero todo es cuestión de practicar, ¿empezamos?

Zoraida Rodríguez Vílchez
@ZoriPsicologa para IDEAL Granada

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