Lo hice, lo haré.

La mente es una máquina compleja que funciona, a veces, a su parecer. Llevamos siglos intentando entender su funcionamiento y en nuestro día a día nos sorprende la incoherencia de su modus operandi. Dicen que somos seres racionales y que el cerebro está hecho para ayudarnos a sobrevivir y dar un paso más allá respecto a los animales, pero… ¡ay! ¡Cuántas jugarretas absurdas nos hace de vez en cuando!

Para mí, una de las faenas más gordas que nos hace nuestra mente está relacionada con la memoria selectiva que tenemos a cerca de lo bueno y lo malo. De forma muy simple, cada acto que llevamos a cabo, cada cosa que nos pasa, la etiquetamos de esta manera: bueno o malo. En contra de lo que pudiera ser beneficioso para nosotros, lo bueno lo olvidamos rapidísimo y lo malo lo recordamos cantidad de veces. Seguro que estás pensando: “estás generalizando demasiado, las cosas no son blancas o negras”. Y es cierto, pero tienes que admitirme que, de forma general, tengo razón. Cuando cometemos un error se disparan las alarmas: nos sentimos culpables o avergonzados, y el recuerdo de aquella pequeña gran catástrofe nos asalta reiteradamente. Estás esperando a que llegue el momento de dar una charla en público, y de repente te acuerdas de aquella vez que en el colegio te quedaste en blanco. O quizás, estás esperando para nadar una prueba y en tu cabeza retumba: “voy a liarla igual que en la competición pasada”. Lo malo se queda, y perdura.

¿Qué ocurre con todos los éxitos que conseguimos? Esos sí que se nos olvidan. O es la hazaña de tu vida, o los pequeños logros de tu día a día pasan al baúl de los recuerdos, que se encuentra bien escondido al final de tu memoria.

¿Por qué si la mente debería estar para ayudarnos hace que solo recordemos lo bueno y se nos olvide lo malo? Dicen que se recuerda lo que emocionalmente tiene un gran impacto; y por desgracia, cuando cometemos un error, las emociones están a flor de piel. Cuando logramos algo, o  simplemente cuando vamos mejorando en nuestro día a día, no oímos campanas ni estallan cohetes para ayudarnos a saborear este momento. Incluso, nos ocupamos de quitarle valor: “bah, tampoco es para tanto, además, hacerlo bien es mi obligación…”. Esto no ayuda para nada a recordarlo.

La mayoría de las emociones positivas como la felicidad, se basan en ser conscientes de que nuestro día a día está más lleno de pequeñas alegrías que de penurias. Nuestra confianza, se basa en el recuerdo de que somos capaces de hacer más cosas bien que de cometer grandes errores. Si esta semana tienes un reto al que enfrentarte, y tu mente se ocupa de demostrarte con hechos pasados que algo puede salir mal, mírale a los ojos y dile: “¡lo hice, lo haré!”. Busca en tu memoria todos los recuerdos que te demuestren que en el pasado ya fuiste capaz, que ya lo has hecho, y que esta es otra situación en la que volver a demostrar aquello que ya sabes hacer.

Quiero compartir con vosotros un relato de una de mis deportistas, que a través de esta mágica frase «LO HICE, LO HARÉ», se supera cada día! Gracias Claudia por llevar este lema a todos los ámbitos de tu vida!


Zoraida Rodríguez Vílchez
@ZoriPsicologa para IDEAL Granada

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Post relacionados

Nueva temporada, nuevos proyectos

En estas fechas parece que todo vuelve a recobrar vida. De calles desiertas abandonadas por los veraneantes en busca de su merecido descanso pasamos al bullicio diario que nos dice que algo comienza de nuevo. Lo indica el comienzo de la Liga, de la temporada de otras modalidades deportivas, los niños que vuelven al cole, … saber más

Determinados por nuestro pasado

Algunas de las personas que acuden a mi consulta aluden a su pasado como determinante de alguna circunstancia que están viviendo actualmente o alguna característica que les define y que les perjudica más que le benefician. Marcos, jugador de golf, me comentaba: “Yo no he tenido unos padres que me apoyaran en mi deporte. No … saber más

Respiración abdominal para controlar el estrés

El arousal, el nivel de activación que tiene mi cuerpo a la hora de competir, fue el tema que tratamos la semana pasada. Es frecuente que ante una situación tan importante para nosotros, nuestra activación aumente más de la cuenta. La respiración abdominal es una de las estrategias que puedes utilizar para regular esta activación … saber más

El síndrome del autónomo

Del autónomo o del empresario, lo mismo me da. Lo cierto es que en mi consulta encuentro muchas personas en unas condiciones que reúnen lo que he decidido llamar “el síndrome del autónomo”, un conjunto de síntomas y respuestas a la no fácil tarea de tener tu propio negocio. Abogados, asesores, entrenadores personales, dueños de … saber más

Nadal de clásico, no es Nadal. Público

Rafael Nadal, el “Sansón” entre los tenistas, símbolo de fuerza, energía, valentía y coraje. Su imagen lo dice todo. Cuando ves a Nadal entrar en la pista, un escalofrío te recorre el cuerpo. Algo te dice: “tiembla”, y tú sabes bien por qué. Rafael Nadal, el “Sansón” entre los tenistas, símbolo de fuerza, energía, valentía … saber más

Por supuesto que hay remedio. Diario Córdoba.

Noticia sobre la intervención de Zoraida Rodríguez en el Córdoba C.F. Descargarte el pdf para leer este artículo:   Zoraida Rodríguez VílchezContenido supervisado por Zoraida Rodríguez, directora de Zoraida Rodríguez Centro de Psicología. Zoraida es una psicóloga sanitaria especializada en adultos desde 2005, con experiencia en temas como dependencia emocional, pareja, autoestima, depresión, trastornos de … saber más