Los límites en los niños son necesarios

Hoy, al hilo de una consulta que he tenido, me he decidido a abordar el tema de los límites en los niños.

¿A qué me refiero? A que no se puede permitir todo si queremos educar en valores. Si queremos niños educados, que luchen por superarse como lo hemos hecho nosotros, o que sean capaces de controlar sus arrebatos emocionales, nuestros hijos necesitan saber hasta dónde pueden llegar.

Los límites son aquellas normas de conducta que les dicen a nuestros hijos qué está bien o mal, y en qué circunstancias, qué se espera de ellos, cómo deben comportarse o qué no deben hacer. Cuando yo regaño a mi hija si me levanta la mano cuando se enfada porque no le doy lo que quiere, estoy poniendo un límite. Pero también lo es cuando se acerca a un enchufe con cara de “vamos a probar a ver qué pasa”. Los límites también hablan de seguridad, de cómo son los demás, cómo es el mundo y qué es aceptado o no.

En definitiva cuando yo pongo un límite, no es tanto una negación a mi hijo, a su capricho o una privación de algo que quiere. Poner límites es estructurar su mundo, es hacerle ver cómo funcionan las cosas. Les ayudan a saber qué hacer y qué no, qué es peligroso o qué es seguro. Y aunque cueste ponérselos, siempre hay que pensar en el beneficio a largo plazo. De hecho, los estudios en psicología demuestran que los límites le proporcionan seguridad, estructuran su mundo y lo hace predecible. Eso, cuando vienes cual tabula rasa al nacer, se agradece. Te salvan de que no te de la corriente, o de que tu costumbre no sea pegar cada vez que no obtienes lo que deseas, por seguir con los ejemplos anteriores.

Por el contrario, los niños sin límites suelen tener más problemas de conducta, sociales y emocionales, como ansiedad o rabia desmedidas. Si mi hijo, por una falta injusta, entra en cólera (con razón, el árbitro se ha equivocado) y termina lanzando su raqueta contra la pista, haciéndola mil añicos, comprarle para el siguiente entrenamiento otra, aún mejor, no es la solución. Así, le trasmito la idea de que todo vale, de que cuando crees que tienes razón todo está justificado. Si permito que mi hijo deje su deporte a mitad de temporada porque ya no le apetece jugar a fútbol, dejando al equipo “colgado”, le trasmito la idea que no hay que pensar en los demás, que sus actos, no tienen consecuencias y que puede faltar a su compromiso cuando quiera.

Muchos de los problemas que veo en la consulta se deben justo a esa falta de límites. Parece que el problema lo tiene el niño porque es desobediente, se enfada demasiado o no se esfuerza lo suficiente. Quizás deberíamos preguntarnos si lo hemos educado para ello. Hay veces que hay que dejarles que la vida les enseñe a soportar la frustración, a no tener lo que desean (aún cuando estén en su derecho o no fuera justo) o a que nada se consigue sin esfuerzo (incluso, con él, a veces los resultados no llegan). No me podéis negar que al final, la vida es así y que tenerles en un ambiente protegido y sin límites, no hará más que se den de bruces, antes o después, con la realidad de la vida.

 
Zoraida Rodríguez Vílchez
@ZoriPsicologa para IDEAL Granada

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